¿Y si disciplinamos a nuestros hijos?

¡Anoche sucedió otra vez! Mi hija tuvo una experiencia traumática. Yo, su papá, hizo que ella se acostará a la hora definida en vez de dejarla quedarse despierta por un rato viendo un programa de televisión. ¡Qué horror! Sé que yo he de ser uno de los peores papás del mundo por tener reglas y luego esperar que mi hija las siga. Ella no respondió bien y la tuve que disciplinar. Como cualquier niña de 3 años, no le gusta hacer lo que su papá dice, ella solo quiere hacer lo que ella quiere hacer.

Siempre me pongo un poco nervioso cuando me toca opinar de la crianza de hijos. Yo solo tengo 3 años de experiencia, lo cual puede hacerle a alguien sentirse más experto de lo que realmente es. Al mismo tiempo, la Palabra de Dios esta llena de consejos acerca de cómo criar a nuestros hijos.

Hoy en la mañana amanecí a leer Proverbios 6. En este pasaje, el autor comenta precisamente de este tema:

20 Hijo mío, obedece los mandatos de tu padre,
    y no descuides la instrucción de tu madre.
21 Guarda siempre sus palabras en tu corazón;
    átalas alrededor de tu cuello.
22 Cuando camines, su consejo te guiará.
    Cuando duermas, te protegerá.
    Cuando despiertes, te orientará.
23 Pues su mandato es una lámpara
    y su instrucción es una luz;
su disciplina correctiva
    es el camino que lleva a la vida. (NTV)

La frase que me llamo la atención es esa última — su disciplina correctiva es el camino que lleva a la vida.

Vivimos en una época con menos papás quienes realmente creen que la disciplina correctiva es el camino que lleva a la vida. De hecho, según muchos papás, la desobediencia de sus hijos tiene más que ver con sus maestros, sus amigos, o su falta de entretenimiento en el colegio y la iglesia, que verdaderamente tiene que ver con el comportamiento hijos. Es más fácil echarle la culpa a alguien más que lo es reconocer el problema real que existe dentro de nuestros hijos.

¿Por qué es que la Biblia nos llama tanto a disciplinar a nuestros hijos?

1. Aprender de la autoridad

Dios es nuestra autoridad. El es la autoridad para todos. Dios, por consiguiente, coloca a otras personas en puestos de autoridad para ser mayordomos de su autoridad. Los papás son parte integral de la estructura autoritaria establecida por Dios en este mundo.

Tedd Tripp and su libro Cómo pastorear el corazón de tu hijo dice:

No deberías estar apenado de ser autoridad para tus hijos. Tú ejerces autoridad como un agente de Dios. No puedes dirigir a tus hijos por tu propia cuenta o conveniencia. Debes dirigir a tus hijos de parte de Dios para el bien de tus propios hijos.

Nuestra autoridad es una autoridad prestada que tiene un fin particular — dirigir a nuestros hijos hacia las cosas del Señor. Disciplinar a nuestros niños tiene el fin de que ellos vivan vidas que agradan al Señor. Es muy fácil perder el norte y creer que el fin de la disciplina es que mis niños estén quietos para que yo pueda vivir una vida tranquila. Eso sería utilizar la autoridad de Dios para mis fines y no los suyos.

Sin embargo, esto tiene un elemento muy práctico. Donde sea que nuestros niños vayan, ellos se van a encontrar con autoridad. Allí ellos deberían saber como responder ante la autoridad y sujetarse a la autoridad, ya que Dios es su autoridad final.

2. La vida tiene consecuencias

No hay situación en la vida que no tenga consecuencias. Si manejas demasiado rápido y te detiene la policía, habrá consecuencias. Si decides no llegar a tu trabajo por un par de días, habrá consecuencias. Si decides gritarle a tu profesor en vez de hacer tu tarea, habrá consecuencias.

Crear un mundo para nuestros niños donde no hay consecuencias es inventar un mundo que no existe y prepararlos para tener un choque brutal al salir al “mundo verdadero”. Temo como le irá a muchos niños cuando al fin salen de sus casa a trabajar o a estudiar sin la preparación disciplinaria de sus papás.

Fácilmente le hacemos a nuestros niños creer que todo el mundo se trata de su felicidad, y que todas las circunstancias de su vida se deberían alinear para darles esa felicidad. Este tipo de egocentrismo será como un balde de agua fría a la hora de tener su primer trabajo.

Preparar a nuestros niños para una vida que tiene consecuencias es una de las mejores maneras en las que podemos amar a nuestros niños. Sería cruel hacerles creer durante su niñez que la vida no tiene consecuencias solo para entregarlos al mundo donde sí hay.

Otra vez, lo hacemos por que Dios nos ha colocado con el fin de ejercer su autoridad, no la nuestra. Somos simples mayordomos de algo que le pertenece a Dios.

Al mismo tiempo, creemos que Dios mismo ha definido consecuencias para la vida. El que no se arrepienta de sus pecados y cree en el evangelio será condenado eternamente en el infierno. Eso nos lleva a lo último.

3. Para enseñar el evangelio

El único camino que lleva a la vida es el evangelio. Corregir a nuestros hijos es una de las mejores maneras de poder enseñar del evangelio. Cada vez que nuestras hijas desobedecen es un momento perfecto para demostrarles su pecado para que ellas entiendan la urgencia de su salvación. Mi hija mayor ya tiene bastante evidencia de que ella es una pecadora, y que ella necesita un salvador.

Sé que para el mundo que he llegado a idolatrar una infancia sentimentalizada esto suena fuerte, pero prefiero que mi hija sepa que es pecadora y crea en el evangelio a que ella nunca se de cuenta de su pecado y resulta siendo condenada por Dios eternamente. La disciplina correctiva nos da la oportunidad de enseñar el evangelio cada vez que disciplinamos, y como resultado, coloca a nuestros hijos sobre el camino que lleva a la vida.

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